En 1961 la ciudad de Buga contaba con 50 mil habitantes, su alcalde era Don Jaime Fernández de Soto, que al igual que su padre ocupó tan distinguida posición en la Ciudad Señora, descendiente por vía paterna del prócer Joaquín Fernández de Soto y por vía materna del presidente Manuel Antonio Sanclemente, nombrado burgomaestre local por el gobernador, el también bugueño Carlos H. Morales. El mandatario de los colombianos era Alberto Lleras Camargo.
E n ese momento nacían en Colombia los Movimientos de izquierda con gran influencia del gaitanismo, precisamente en el año de 1959 aparecía el Movimiento Obrero Estudiantil Campesino MOEC 7 de enero, cuyo objetivo era tomarse el poder y derrocar la oligarquía a través de la violencia, Cali era su gran fortín.
El MOEC necesitaba ejecutar un hecho de gran trascendencia para demostrar su poder y sus alcances, por lo que recluta a Gustavo Nest Barrabás, natural de Buenaventura, hijo de un Alemán y una Polaca, persona de mirada profunda, ojos claros, de unos 50 años de edad, 1.80 metros de estatura, cuerpo atlético, caminaba como todo un militar, casado, se logró infiltrar en la unidad militar como talabartero y cumplía órdenes del movimiento subversivo.
El domingo 24 de diciembre de 1961, el comando del batallón había organizado unos juegos pirotécnicos para exhibirlos en la noche; esa mañana el comandante Coronel Gustavo Delgado Nieto, se encontró dentro de las instalaciones con Nest y le dijo que lo esperaba para la celebración de la Navidad, a lo que le contestó: “Cuente con eso mi Coronel”. Hacia el medio día, Nest se acerca al lugar donde estaba ubicado el armerillo del batallón y le pregunta a un soldado de origen caldense, que si dentro de las cosas del lugar tenía un tubo de hierro, éste le manifiesta que si le servía un casquillo o vaina de cañón, pero que tenía que autorizarlo el encargado de dicho armerillo, que era un sargento vice primero; Nest lo esperó y habló con el suboficial de manera sospechosa y le entregó el tubo, esta sería el arma mortal.
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El Soldado Reinaldo dice que la explosión fue tremenda y que no recibió daño, gracias a los muros adyacentes al sitio en donde se encontraba. La onda expansiva lo envió al piso, los platos y cubiertos que llevaba en sus manos desaparecieron, sintió aturdimiento y se levantó en medio de un humero y lo que observaba a su alrededor eran hombres, mujeres y niños heridos; se levantó del suelo y arrancó para el dormitorio a sacar su armamento, pues pensó que se trataba de un ataque al batallón por parte del bandidaje. Su desplazamiento hacia el dormitorio fue rápido, pero en el recorrido vio al soldado Ospina Valencia tirado en el suelo con la cara destrozada por las esquirlas y en medio de una charca de sangre, comprobó que estaba muerto y que nada podía hacer.
Todo era confusión, sólo se observaban cuerpos mutilados, personas heridas, mientras muchos soldados corrían de un lado a otro... el capitán boyacense Antonio María Mojica Garzón, padre de quien fuera reina nacional de la belleza Aura María Mojica, que era el oficial de servicio del batallón, murió en el acto.
El panorama de la plaza de armas era desolador, niñas y niños heridos y tendidos en el suelo llorando y muriéndose. El teniente Garavito entonces salió en carrera con dirección al casino de oficiales, habló con el Coronel Comandante del batallón, Gustavo Delgado Nieto, quien salió ileso junto con sus dos hijas y de inmediato ordenaba llevar personas lesionadas a centros hospitalarios de Buga, Tuluá, Palmira e inclusive Cali. En un principio se pensó que habían explotado los juegos pirotécnicos o parte del polvorín del batallón, pero esta hipótesis cambió cuando los oficiales militares observaron que los cuerpos de los muertos y heridos presentaban esquirlas y perdigones.
El Teniente Gravito le dijo al coronel Delgado: “esto es un atentado”, motivo por el cual se encargó de recorrer todos los puestos de guardia para darle moral a los soldados que estaban en pie de lucha en la guarnición después de estos luctuosos hechos que dejaban muchos militares muertos y heridos. Cuerpos mutilados volaron a varios metros a la redonda, mientras en el espacio sólo se escuchaban los quejidos de angustia y dolor. Algunos testigos no dudaron en señalar a un señor mono alto, quien había prendido la mecha de un artefacto que se semejaba a los volcanes de pólvora que prenden en Navidad, con la gran diferencia que éste era unas cinco veces mayor. Todo indicaba que había sido Nest, motivo por el cual se ordenó el allanamiento de su residencia donde se encontraron elementos que fueron utilizados para elaborar la bomba, por estos hechos fue apresada la esposa del talabartero junto con dos personas más para ser interrogadas.
Otro lugar donde se presentaba un caos era a la entrada del Batallón, justamente en la guardia en la calle 5 por donde era la entrada a la unidad militar, allí se aglomeraron los familiares de las víctimas para preguntar por sus parientes, la salida para llevar a los heridos a los centros médicos era imposible, razón por la cual hubo de militarizar el entorno al sitio. Después de estos hechos, ocho días, el balance fue: 64 muertos entre los cuales estaba un oficial, 2 suboficiales, 8 soldados, 18 niños, 34 visitantes adultos y 132 heridos. Era la mayor tragedia sucedida en Colombia de esa índole.
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Un año después, a partir del nuevo gobierno del conservador Guillermo León Valencia, entre 1962 y agosto de 1966, la fuerza pública, principalmente el Ejército, recibió la orden de exterminar las cuadrillas guerrilleras, entre muchos bandoleros que perecieron murieron también sus jefes, entre ellos, "chispas", "sangre negra", "desquite", Efraín González, Menco Camacho.